Esta imagen... Sólo quiero compartirla con vosotros. Esta vez no hay frase, no hay historia, no hay comentario... Queda a merced de vuestra apatía o simpatía; si os gusta, disfrutadla, si no... desechadla.
¡Yujú! ¿Te atreves a empezar a leerme? Te lo advierto, en el mundo de mis pensamientos no existe racionalidad. ¡Sólo poesía! Gracias por pasarte por el blog y leerme, las opiniones siempre son bien recibidas. Espero que disfrutes leyendo mi alma... ¡Nos vemos!
viernes, 26 de abril de 2013
jueves, 25 de abril de 2013
De pelo negro y ojos grises.
Dulce enamorada de lo triste,
sin sonrisa vive y camina,
de pelo negro y ojos grises
baila suicida en la colina.
Respirar no es vivir, amiga,
¡siente más!, ¡vive más!
Huele el aroma de la vida
semejante al del mar.
De carácter apagado
y salero envenenado,
mueve sus manos
con dulzura muerta
y pensamiento insano.
No pide amor,
no pide luz,
por no pedir, ni comida pide,
pero le llora a una bella flor
que ya no vive.
¿Qué lloras?
¿Qué susurras?
Llora gotas
de sangre
que acabaron sin cura.
Amane
martes, 23 de abril de 2013
Reflexiones.
La vida humana acontece sólo una vez y por eso nunca podremos averiguar cuáles de nuestras decisiones fueron correctas y cuáles fueron incorrectas. En la situación dada sólo hemos podido decidir una vez y no nos ha sido dada una segunda, una tercera, una cuarta vida para comparar las distintas decisiones.
viernes, 19 de abril de 2013
¿Ética? [1]
¿De qué índole es la autoridad de los principios morales? ¿es una autoridad pura, realmente absoluta? ¿O es relativa a épocas y concepciones? ¿Hay mandatos éticos absolutos o se han originado y pueden volver a hundirse en el no ser y en el olvido? Por ejemplo... El mandato <<ama a tu prójimo>>
sábado, 13 de abril de 2013
Caída te encontraste
tras descubrir la verdad,
desdichada te llamaste
y aceptaste la soledad.
Sangre se transforma en lágrima
y se resbala hasta llegar
a tus tiernas mejillas
a las que han dejado de besar.
No cierres los ojos
nada desaparecerá,
solo serán rojos
y no volverá.
Huye de ella
de Doña Soledad
será muy bella
pero sus caricias sólo transmiten frialdad.
No te pintes una sonrisa
eso tampoco ayudará,
espera a la cálida brisa
tus penas te las quitará.
@MoyashiSoul
miércoles, 10 de abril de 2013
Valoración personal en cuanto a arte gótico y arte moderno.
''Me gustaría que hicieras una comparativa de la pintura de antes, y de la de ahora ("arte moderno") y que me dijeras los pros y contras de ambas, según tu opinión.''
Edicifio de arte moderno:

Edificio de arte gótico:
Las imágenes son completamente distintas. En ambas se aprecian tales diferencias, cuales voy a explicar.
Como se ve en la primera imagen, el edificio de arte moderno es bastante más pequeño que la catedral gótica, y a mí las arquitecturas altas me agradan más. Es también mucho más aburrido y ''random'' (aclaro que no me gusta especialmente lo random). No me parece para nada bonito ni digno de admirar. Sin embargo, es más original que las antiguas catedrales góticas, ya que al compartir las principales características de la arquitectura gótica, dichas catedrales eran similares entre ellas, pero el arte moderno varía un poco más. Generalizando, el arte moderno me resulta aburrido y poco serio. Los edificios góticos eran más complejos, se podía admirar la belleza de la complejidad tanto por fuera como por dentro de ellos, como mencioné anteriormente son bastante altos y eso a mí me encanta. Recuerdo cuando fui a ver La Sagrada Familia, en Catalunya, en una excursión en primaria, era la primera construcción neogótica que había visto en mi vida, y me emocionó muchísimo, sobretodo ese placentero escalofrío al alzar la vista y observar la cima del edificio, aún en 'proceso'. Más tarde visité la catedral gótica de Lleida.
Lo dicho, el arte moderno tiene sus más y sus menos, al igual que el gótico, que es, para mí, en cuanto a arquitectura, pintura y escultura un arte digno de admirar. Es por eso que me quedo con el arte antiguo antes que con el moderno. -Cabe decir que en cuanto a escultura y pintura repugno el románico, así que en ese sentido prefiero el arte moderno-
domingo, 7 de abril de 2013
Dos palabras, ocho letras que ahora carecen de sentimiento. "Te quiero". Ahora es algo sin sentido. Son palabras que se dicen sin realmente sentirlas. Ahora decir "te quiero" es similar a decir "me caes bien".
Antes los te quiero se decían porque se sentían. Antes un simple te quiero quedaba guardado en tu corazón, porque tenías la certeza de que el sentimiento realmente existía.
Ahora los te quieros son dos simples palabras que no pesan ni un sólo gramo, que tienen facilidad para volar. El viento se los lleva y el tiempo hace que se pierdan en el lugar donde acaban las cosas carentes de importancia.
sábado, 30 de marzo de 2013
jueves, 21 de marzo de 2013
~
Que sea esta imagen la que hable por mí, por mis sentimientos, mis pensamientos y la poca fuerza de voluntad, autoestima y amor propio que tengo. Que sea ella la que refleje mi terrible estado de ánimo. Yo ya estoy cansada.
miércoles, 20 de marzo de 2013
''Confesiones de una aprendiz'' Part 1.
''Lo peor que pudiste hacer fue escribir versos de amor. Escribe sobre ti mismo. Así aprenderás a autocriticarte. Y créeme, nada mejor que la autocrítica.''
''Comienza a ser preocupante cuando las lágrimas son sustituidas por venganza.''
''Dejé de creer en la gente cuando la única persona que amaba y en la que confiaba me traicionó.''
(...)
martes, 19 de marzo de 2013
Hoy.
Hoy no estoy para versos de amor ni de desamor, hoy no me veo capaz de recitar ni una pena ni una alegría, no vengo a hablar de mi envenenado corazón ni de mis lágrimas de cristal, tan sólo quiero buscar paz, escapar de un caos ardiente que envuelve mi alma, conseguir huir de los enredos que me enloquecen, y poder flotar en un mar desconocido, sintiendo volar en libertad, dejando algo pisado por descubrir, y cerrando mis ojos para no ahogarlos en la insufrible fuerza de los rayos de Sol...
Descansar mi mente y hacer desaparecer mi cuerpo...
sábado, 16 de marzo de 2013
Versos que recuerdan, recuerdos que imaginan...
Tú y yo estábamos abrazadas, ¿recuerdas? En la cama, juntas, y mi cabeza estaba posada sobre tu pecho, admirando el dulce masaje que me ofrecían tus manos acariciando mi pelo.
Hablábamos poco. Cada cierto tiempo agachabas la cabeza para acercarte a mis labios y besarme, entonces yo te acariciaba las mejillas... Después de cada beso, podía observar, incluso con los ojos cerrados, cómo tu rostro me regalaba una de tus sonrisas, aquellas tan dulces que interpretaba como una flor en plena primavera, ardiente y bella... Mis ojos se inundaban de alegría cuando tus mofletes se enrojecían y la calidez de todo tu cuerpo se concentraba sólo en ellos...
Extraño esos momentos, porque parecía viajar con el viento, siguiendo suavemente la brisa que me transportaba a tu cama, y podía estar a tu lado, sólo mirándote a los ojos, sólo soñando contigo...
Porque por cada te quiero que me decías, preciosa, mi vello conseguía despertarse de mi piel y el corazón me latía tan veloz que el frío desaparecía de mi cuerpo... Entonces sólo quedábamos tú y yo en la habitación...
martes, 12 de marzo de 2013
Memorias de una condenada.
(...)
...Palabras perduran y gritos ahogados cesan, contemplo mi alrededor y sólo encuentro sombras que reflejan algo.. Un algo vacío, viajando sin rumbo, carece apenas de sentimientos y su frialdad quema por dentro... ¿Es quizás la poesía la causante del dolor insufrible de este "algo"? ¿Han sido los versos, culpables, quienes han arrancado la calidez de su alma? Un vaso con veneno y una pluma escribiendo sobre un papel, tal vez..
Aunque eso ya dejó de importar pues, cuál suceso inmemorable hizo darme cuenta de que ese "algo" era yo... Mostrando compresión hacía mí misma... Haciéndome gritar de dolor en un lugar insonoro... Insonoro hasta que un pitido inundó mis oídos y por fin pude morir...
jueves, 28 de febrero de 2013
30 de Junio de 2011.
Deseo enredarme en tus labios y que nuestro aliento se funda en un apasionado beso, que desaparezcan las palabras y aparezcan las caricias, que una mirada dulce e hipnótica me lleve a otro mundo, que se esfume la tristeza, sustituir las ganas de besarte por los besos, que tus manos se apoderen de mi cuerpo y alma, susurrarte un te quiero y despedirnos de todo lo exterior a nosotras...
Porque no sé cómo lo haces, pero cada día te quiero más, cada día me tienes más enamorada, y cada día las ganas por estar a tu lado crecen como bambúes recién nacidos... Te quiero Melissa, y un futuro junto a tus abrazos es lo único que pido.
jueves, 21 de febrero de 2013
Dulces poemas para una dulce chica.
Si ves que cada carta que te mando o cada poema que te escribo
no contiene palabra alguna,
y sólo el blanco del papel y el silencio de mi pluma,
es porque; cariño mío,
los sentimientos no se pueden plasmar
en simples letras.
Quizás una similitud o un parentesco de tal,
pero yo no quiero mostrarte
qué es lo parecido a lo que siento,
lo que quiero yo es demostrarte
que mi amor por ti es duro y eterno.
Pero ya te dije, cielo,
ni Bécquer ni Pablo Neruda podrán transmitir en palabras
todo lo que yo daría por ti.
Así es que, todo lo que te escribo está vacío,
pero el sentimiento con el que te lo mando
está lleno de ternura y deseo.
martes, 19 de febrero de 2013
Palabras.
Palabras. Tan simple y llanas como son, pueden clavarte punzantes en el pecho, ahogar tu alma y romperte el aliento. Por eso las uso como quién es poeta. Ninguna manera más bonita de manipular los sentimientos de alguien que hacer de palabras poesía.
miércoles, 13 de febrero de 2013
Fortaleza.
Como si los fuertes tampoco lloraran... Yo me consumo en una vela ardiente y los suspiros me queman el alma. Pero sigo siendo fuerte.
domingo, 3 de febrero de 2013
~
Mis locuras sangran, se pierden en lo profundo de una historia conmovedora y acaban resultando enfermas. Las heridas lloran y se retuercen de dolor, bebiendo sus propias lágrimas antes de que se transformen en recuerdos que yacen lejos de hoy. La insuficiente brisa incómoda que nos decora el ambiente cesa, muriendo así con ella el pesimismo que envolvía nuestras mentes. Y hoy puedo gritarlo todo sin después arrepentirme de nada.
sábado, 2 de febrero de 2013
Mi realidad y la realidad.
Todos estamos acostumbrados a vivir en una realidad, esa realidad nuestra y que nadie más que nosotros comparte. Pero, plantéate la siguiente pregunta: ¿Cómo puedes estar tan seguro de que todo es real? ¿Cómo puedes saber o no si ahora mismo existe la posibilidad de que estés postrado en una cama y todo lo vivido es un sueño? Amigos, familiares, conocidos... Hasta ese vecino tan simpático que te saluda todas las mañanas. Puede ser que en realidad todos ellos sean ficticios.
Esa es la duda que le comenté a mi mejor amigo.
-Estás loca. -dijo.
Ignoré sus absurdas carcajadas y seguí con lo mío. Ambos estábamos acostados en el sofá, y mientras él jugaba con su gata, yo mantenía mi mirada perdida clavada en el suelo. Estuve durante un rato jugando con un mechón de pelo; girándolo con mi dedo índice hacia el mismo lado, enredándolo y clavándomelo así en la carne. No me di cuenta hasta que sentí que algo empezaba a quemarme.
Lo que para él; mi mejor amigo, eran risas y carcajadas, a mí me aterrorizaba de manera dolorosa. Me sentía muy confusa y frustrada. Un miedo -o quizás no fuese miedo- se adentró en lo más profundo de mi mente y me hizo perder la noción de la realidad. Me planteaba en voz alta conclusiones horrorosas. ''¿Y si esto existe pero no existe? ¿Y si soy una esquizofrénica, o una autista, y ni tú ni nadie existís, sino sólo yo y mi imaginación? ¿Y si estoy en coma y esto es un simple sueño? ¿O si ahora mismo estoy sentada en una silla fantaseando y he llegado a adentrarme tanto en esta fantasía que me la he creído y he permanecido dentro de ella 14 años?'' Por cada palabra que decía, por cada acento o pensamiento que pronunciaba, el temor en mí se hacía más grande. No me atreví a mirar a mi mejor amigo a la cara, porque sabía que estaría riéndose de mí, así que antes de que pudiese pronunciar una sola burla más, me levanté del sofá y me dispuse a coger mis cosas.
-¿Te vas? -preguntó.
-Sí. ¿Dónde está la libreta que traje conmigo?
-No lo sé. Búscala.
Mi mente descansó un poco de aquella paranoia y se dedicó más en buscar el cuaderno. Pero ese pensamiento apenas duró cinco segundos. Empecé a sentir un mareo descontrolado y noté cómo mis párpados caían lentamente. Me apoyé en la mesa como pude y me quedé totalmente quieta, con la cabeza apuntando a mis manos.
-¿Pasa algo? ¿Te ayudo a buscar el cuaderno?
Mis manos empezaron a moverse, y mis ojos deslumbraban ante aquella locura. Perdí totalmente el control sobre mi cuerpo, pero a la vez sabía que era yo la que lo manejaba. Más bien me sentía extraña. Como si aquellas manos no fuesen mías, como si todo lo que veía ante mis ojos no era lo que llevaba viendo todo este tiempo. Empecé a tener la sensación de que estaba viendo cualquier película de miedo, en la que la cámara se adueñaba del espacio y se movía como si de los ojos de una persona se tratara. Era consciente de que todo lo que sucedía estaba sucediendo ahí, en ese mismo lugar y en aquel mismo tiempo, pero sin embargo creí que en cualquier momento todo podía desvanecerse. Podía caer al suelo y darme cuenta de que todas esas sensaciones formaban parte de la paranoia. Que seguía en el sofá con mi mejor amigo comentando lo loca que estaba por pensar que quizás esto era un sueño.
Dentro de mí todo era muy descontrolado. Nada se movía, sólo yo y lo que pertenecía a mi cuerpo pero que a la vez no era mío. Movía mis manos para intentar descubrir si podían resultarme conocidas, miraba hacia arriba y hacia abajo con la intención de saber qué ocurría y por qué. Pero, esa realidad era la mía. Y no la verdadera.
Mi mejor amigo me contemplaba perplejo. En su realidad, en lo que él veía, yo estaba de pie, junto a la mesa de cristal, yaciendo completamente quieta y pálida. Él veía la imagen de mi cuerpo, mientras que yo veía la imagen de mis pensamientos. Su realidad al fin y al cabo no era tan distinta, ya que por unos momentos pudo pensar que había caído en un lapsus de todo, mientras que yo pensaba lo mismo sobre mi cuerpo.
Por unos instantes fui la dueña de un cuerpo conocido pero extraño. Sabía que esas eran mis manos, que yo las movía, que conservaba aún mi anillo de calavera y diamantes, que el pelo que enredaba anteriormente en mi dedo índice formaba parte de mi cabeza, pero sin embargo me sentía totalmente extraña, como si fuese una equivocación, como si mi mente hubiese ido a otra parte y ahora fuese o no una persona totalmente distinta.
Reaccioné, pero supe que mi paranoia no había acabado. Después de pestañear un par de veces, salí del pensamiento de extrañeza y volví a lo que realmente era el espacio en el que me encontraba. Esa sensación insuficiente de repentinamente no saber si era o no era lo que siempre pensé que era real, seguía invadiendo mi mente y mi cuerpo. Aún así ignoré eso como pude y seguí buscando el cuaderno.
-Leslie -una voz había distraído mi búsqueda- márchate sin la libreta y si la encuentro, mañana voy a tu casa y te la dejo. ¿Va? Necesitas descansar.
-Vale. Pero acompáñame.
-¿Tienes miedo?
-¿De qué? -me ofendí- Sólo estaba bromeando. Pero ven conmigo hasta casa, por favor.
-Menos mal, qué susto. Pensé que te habías ido a otro mundo. La paranoia que te montaste con...
-Una broma. Todo una broma.
Rió. Pero sé él que estaba tanto o más confuso que yo.
Arrastré el brazo hasta poder apoyarme en su hombro para descansar un momento mi mente. Bajé la cabeza con brusquedad e intenté relajarme. Aquella sensación no se iba. Me seguía sintiendo extraña y desconocida. Tenía miedo de que en cualquier momento pudiese acabar todo.
-¿Sabes? -volvió a interrumpirme- Mi mayor temor es olvidarme de lo que he vivido. Despertarme un día y no poder recordar nada. Ni a mis mejores amigos, ni los buenos momentos que he compartido... Ni siquiera los errores que cometí en un pasado y que gracias a ellos hoy he aprendido a no volver a cometerlos.
Sonreí. ¿Su mayor temor?
-Ese es mi mayor deseo. -comenté- Tener la oportunidad de empezar de cero. Haciendo o no las mismas meteduras de pata que antes. Volver a disfrutar lo anterior.
Se extrañó por mi peculiaridad y se levantó dispuesto a acompañarme. No pasaron demasiados segundos hasta que atravesamos el pasillo y pudimos cruzar la puerta. Aunque aún así, a mí me parecieron eternos.
Aquella confusión aún permanecía. Repetía en mi mente varias veces que sólo era una tontería. Andy tenía razón. Era una locura pensar en algo así.
Salí a la calle y me mantuve callada todo el camino. No estaba segura de eso, pero deduje que mi mejor amigo me estaba hablando y no le acomplejaba saber que yo ignoraba sus palabras.
Yo permanecía encerrada en mis pensamientos. Aún con aquella horrible sensación de haber perdido la noción de todo lo que me rodeaba y lo que sucedía. Mi mente apenas daba para más, así que acabé cansándome de todas esas paranoias. Por unos momentos la confusión había sido camuflada -no desaparecida ni ignorada, porque yo notaba que todavía aquella sensación permanecía dentro de mí- y pasé a concentrarme sólo en mis pasos. Oía la voz de Andy de fondo, pero no quise ni pretendía prestarle atención alguna. Tan sólo quería renunciar a todo lo real e irreal y seguir caminando en un camino que podía llevar a mi casa o a cualquier otro lugar. Mientras daba los pasos, siquiera sabía cuál era el objetivo de andar tanto. No me percataba de que yo seguía ese camino para llegar mi casa. Me di cuenta de que sólo me movía hacia una dirección que mis propias piernas marcaban. Yo podía cambiar esa dirección en cualquier instante, y lo sabía. No me sentí impotente en ningún momento, pero tampoco noté tener el control absoluto de todo. Se podría decir que me adentré en mi subconsciente y dejé toda la realidad a un lado, aún viéndola de reojo, pero a un lado.
Llegué a la puerta de mi casa, y el único contacto que mantuve con mi mejor amigo fue aquel monótono abrazo de despedida. Después de haber juntado nuestros cuerpos, mi mirada seguía clavada en sus andares. Observaba como él iba alejándose de mí poco a poco. Bajaba la calle para marcharse a su casa y dejarme completamente sola. En cuestión de segundos ya se había desvanecido completamente de mi campo de visión. Podía haber seguido su camino o podía haber ido por otro sendero más rápido o más lento. O quizás se quedó quieto esperando un taxi para ir a cualquier sitio que anteriormente no había mencionado. Pero la posibilidad que más rondaba por mi mente era su desaparición. Que justo en el momento en el que cruzaba la calle, se hubiese esfumado. Que ya no existiese. Que formase parte de mi imaginación, de mi sueño, de mi fantasía. Que cualquier otra persona que pasaba por allí no pudiese verle, que todas las personas que me hayan visto con él, sólo me hayan visto a mí y que él tan sólo existiese en mí y cuando estaba conmigo. O que directamente nadie existiese. Sólo yo. Aunque... ¿Y si era yo la única que no existía?
Entré a casa y encendí el PC. Lo primero que hice antes de sentarme frente a él, fue acercarme hasta la cafetera de máquina a prepararme un chocolate caliente. Aquella sensación de extrañeza se iba desvaneciendo poco a poco, a medida que la monotonía volvía a su lugar correspondiente mi mente volvía a aquella ''realidad'' a la que había permanecido anteriormente. Pasé de olvidar mi subconsciente para volver a formar parte de mi consciente.
Aunque aquello no duró demasiado tiempo.
Cuando me senté en frente de la pantalla del ordenador, sin ni siquiera pensarlo, mi mano condujo el ratón hasta mi carpeta personal y abrió el Word. Yo no había pensado en abrirlo, tampoco noté que tuviese ganas de escribir, ni predije haber hecho que mi mano se moviese sola hasta abrir aquel programa. Aún así no me asusté de haber perdido el control sobre mis deseos inconscientes -una pena que cuando mi consciencia quería algo yo estaba en mi subconsciente y viceversa-, pero tampoco lo vi como algo normal.
Me quedé frente a aquel folio virtual pensando en qué podía escribir, qué podía hacer ahora o simplemente qué elección debía tomar; si cerrar el programa porque había clickeado en algo que no pensaba clickear o tomar esa acción descontrolada como una señal de mi subconsciente para obligarme a escribir algo.
Empezó a dolerme la cabeza, así que lo único que hice fue apagar la pantalla del ordenador e irme a mi cama a leer un rato.
Apenas haberme acostado en la cama comencé a sentir un leve e insufrible mareo que no me permitía siquiera abrir el libro que tenía pensado leer. Me quedé quieta durante un largo tiempo para intentar volver a recuperar mi ubicación, pero apenas sirvió para nada más que darme cuenta de que volvía a tener aquella sensación que creí haber eliminado por completo de mi mente. Ahí sí pude comprender algo. Esa de ahí era y no era yo, aquel sitio en el que estaba apoyada era y no era mi cama, el libro que estaba dispuesta a leer hacía unos minutos era y no era el deseado.
Sí, evidentemente todo era un sueño.
Esa sensación de extrañeza que había comenzado a tener durante toda la tarde era tan sólo una señal de que realmente mis pensamientos habían caído en lo cierto. La conversación que había tenido con mi mejor amigo era exactamente la que me había llevado a pensar en todo esto. La que me hizo ser ''consciente'' -subconsciente- de que ya era la hora de darme cuenta de la verdadera realidad; la cierta, no la que yo tenía, no la que el resto del mundo tiene. Esto no existía, esto no era real, era un sueño. Quizás el final de este sueño es el principio de la verdadera realidad, de lo que sí existe, de lo que sí es real. O tal vez era el comienzo de una vida real, no una ficticia, que era en la que yo había sido ubicada todo ese tiempo.
Ya era la hora de cambiar. Ya había llegado al final de mi sueño. Estaba completamente segura de que debía terminar con todo. Una vez haberme percatado de qué se trataba realmente esto, era tiempo de marchar a la nueva vida.
Sonreí. Lo había conseguido. Después de lo que para mí eran siglos eternos -''realmente'' sólo una tarde- de lucha y desesperación, me había dado cuenta de todo. Era esta la etapa que debía pasar una persona antes de morir, antes de pasar al siguiente punto, a la siguiente vida, antes de despertar de lo que era y no era real.
Espera. He dicho... ¿He dicho antes de morir?
Sí. Así era. No sólo comprendí que esto no existía, sino también asimilé que la única manera de salir de aquí era muriendo. Pero claro, nadie puede controlar su muerte. Nadie sabe cómo va a morir ni cuando. Podía pegarme años con esta sensación de extrañeza antes de morir y pasar al otro lado.
A no ser que me suicidara.
Así pues había tomado la decisión de acabar con mi propia ''vida''. Era un paso importante, pues terminaba mi realidad y comenzaba a pertenecer parte de la realidad. Mi realidad. La realidad. Habían muchas diferencias entre ambas. Y yo estaba apunto de saber cuáles.
Claro que, en esta mi realidad, yo había reprimido muchos actos que siempre quise hacer. Prohibí muchos de mis deseos porque la gente así me decía que hiciera. Pensé que mi realidad era la realidad, y que debía permanecer fiel a todas las reglas que ésta ponía. Pero ahora que me había dado cuenta de que esto no existía, y no merecía la pena reprimir mis caprichos por algo que sí o sí iba a acabar y a traspasarse a algo evidentemente mucho mejor y real, caí en la cuenta de que por fin era libre. O no, más bien se diría que fui libre todos estos 14 años, pero me había percatado ahora. Y no iba a perder la oportunidad de hacer lo que nunca me atreví a hacer.
Muchos de mis viejos deseos ya se habían desvanecido en mi memoria. Me iba olvidando de ellos a medida que perdía infancia. Pero por suerte tan sólo había entrado en la adolescencia y alguna parte de mí seguía conservando mi niñez. Por lo tanto aquella inocencia no se había esfumado del todo. Las esperanzas de hacer posible lo que había entendido como imposible crecían cada vez más.
Pero en aquel momento no era muy consciente de todo. Tenía tantísimas ganas de pasar a la nueva y real vida que en lo único que pude pensar fue en qué manera debía morir. Tendría que ser algo original, no demasiado doloroso y que me hiciese pasar mis últimos segundos de falsa vida con la adrenalina hasta las nubes.
Me acordé de aquella vez hacía dos años cuando fui con mi familia a hacer paracaidismo. Me encantó. Pero me desanimó mucho la increíble seguridad que requería una actividad como tal. Yo quería ser libre. Yo quería poder caer a mi gusto sin hacerme daño. Pero no podía caer como yo quisiera, sino como la seguridad mandaba. Aquel acto me hizo hasta sentir placer. Esos nervios, ese temor, esa increíble sensación tan alta y tan brusca me encantaba.
Y ahora tenía la oportunidad de volver a repetirla. Podía hacer paracaidismo. Pero hacerlo a mi gusto. Y no sólo disfrutaría haciéndolo, sino que también al final de la caída me esperaba una buena realidad. La prometida. La que sólo yo entre muchas otras personas sabía que existía.
Así que no dudé en levantarme de la cama y subir hasta el tejado del edificio que había en frente de mi casa. Era un pequeño piso en el que mucha gente vivía muy intranquilamente. Ellos apenas sabían de mi existencia, tan sólo de la existencia de mi casa, pero yo sí sabía de la suya.
Salí de mi casa aún en pijama y me colé por el edificio, traspasando la puerta medio abierta de él. Todo estaba oscuro, y decidí dejarlo así, ya que no quería despertar a los vecinos del piso y mucho menos asustarles con mi presencia. Me costó un par de minutos acostumbrarme a la oscuridad, así que no hasta después de un rato pude encontrar las escaleras. No había ascensor, por lo que me hizo deducir que el edificio a fin de cuentas no era demasiado alto. Aún así, desde la perspectiva en la que yo lo observaba todas las mañanas, su estructura me dejaba convencida de que era un edificio muy sencillo y nada pequeño.
Mis pasos se aceleraban cada vez más a medida que mis piernas subían los escalones. Tardé bastante en llegar al final de las escaleras, por lo que finalmente concluí que un ascensor sí era necesario; pero me alegré, ya que cuanto más alto el edificio más certeza de morir tenía.
Llegué hasta la azotea de tal. Todo lo que había alrededor eran tendederos y ropa húmeda apoyada en ellos. No demasiado cerca del sitio donde me encontraba, estaba el balcón. El balcón definitivo. El balcón héroe. El que me haría cumplir mi sueño.
Me acerqué a él y tras poco pensarlo, puse los pies encima. Sentí que me iba a caer en cualquier momento; pues estaba sobre un sitio muy alto y resbaladizo, así que antes de dejarme empujar tan fácilmente, esbocé una pequeña sonrisa de largos segundos y me dije a mí misma: <<Es el final y es el principio. Es la hora de morir y de nacer. Es el momento de caer>>
Así pues, me abalancé sobre un aire inexistente, y a medida que iba cayendo y acercándome al suelo, todos los recuerdos que había tenido aquella tarde pasaron por mi mente en cuestión de milisegundos. Se repetían, cada vez más rápido, y empecé a angustiarme hasta el punto de llorar. Grité. Pedí ayuda. Intenté hacer todo lo que pude para caer de una forma en la que no muriese. Pero ya era demasiado tarde.
Justo en el momento en el que mi nariz apenas rozaba el suelo, todo aquello se volvió oscuro y desvaneció.
Unos instantes después, desperté en lo que era una cama. Abrí los ojos y me senté rápidamente. Tenía el corazón que me sobresalía del pecho.
Evidentemente, todo lo anterior era una pesadilla. O más que una pesadilla, un sueño. Y me hizo darme cuenta de que, el sueño, mi antigua y falsa vida, era mucho mejor que la actual. Que mi realidad era mejor que la realidad. Porque en mi realidad era feliz. Y en la realidad, había despertado en una cama de hospital, conectada a máquinas, sin brazos ni piernas, heridas por todo el cuerpo y en la ventana reflejado un paisaje muerto, seco, triste. Un paisaje guerrero, que luchó por una guerra que acabó perdiendo. Yo formaba parte de una de las inocentes heridas de la segunda guerra mundial, y dormí plácidamente 14 años en coma después de haber perdido mis articulaciones con una terrible bomba nazi.
Preferí haber seguido soñando. Preferí haber muerto estando en coma. Preferí no haberme despertado. Darme cuenta de que mi minusvalía me impedía incluso moverme me hizo deprimirme.
Pero daba igual, porque ya era tarde. Era la hora de dejar atrás mi realidad y enfrentarse a la realidad. ¿Acaso no era lo que había querido hacer? Ahí estaba el resultado. El triste resultado.
Y Andy ni siquiera existía. Cómo iba a poder vivir sin la persona por la que daría mi vida, aún sabiendo que nunca existió.
jueves, 31 de enero de 2013
La magia de los escritores.
La gente desaparece cuando muere. La voz, la risa, el calor de su aliento, la carne y finalmente los huesos. Todo recuerdo vivo de ella termina. Es algo terrible y natural al mismo tiempo. Sin embargo, hay individuos que se salvan de esa aniquilación, pues siguen existiendo en los libros que escribieron. Podemos volver a descubrirlos. Su humor, el tono de su voz, su estado de ánimo. A través de la palabra escrita pueden enfadarte o alegrarte. Pueden consolarte, pueden desconcertarte, pueden cambiarte. Y todo eso pese a estar muertos. Como moscas en ámbar, como cadáveres congelados en el hielo, eso que según las leyes de la naturaleza debería desaparecer se conserva por el milagro de la tinta sobre el papel. Es una suerte de magia.
lunes, 28 de enero de 2013
Mi fotografía.
La esencia de la foto es la equívoca a la que todos piensan. Eso realmente me destruye... Lo que intento transmitir con las fotografías que [me] tomo tienen muchos significados; libres y normalmente alternativos y paralelos los unos de los otros. Pero en esta foto quería transmitir algo CLAVE, algún punto en el que todas las personas que lo viesen captaran de qué trata, que todas las opiniones o, por lo menos, percepciones de ella coincidieran a la perfección, que no hubiese subjetividad ni diferencia alguna.
Pero claro, si ni YO puedo explicar qué siento cuando miro mi propio rostro en esa fotografía, si tan siquiera yo consigo expresarme en PALABRAS -algo tan simple y llano como son- qué intento transmitir con ella, qué pretendo que la gente perciba al verla, es aún más complicado que los que son exteriores a mí sepan describirlo, y más aún sabiendo que lo que ellos ven en esa foto no es lo mismo que veo yo. -A pesar de ser exactamente la misma fotografía-
Si la misma creadora no puede, dudo que los espectadores puedan.
Pero me conformo con que os guste. Y más me conformo aún con que me guste a mí.
sábado, 26 de enero de 2013
-¿Crees que las reglas son necesarias en una sociedad?
Directamente, sin las reglas no habría sociedad.
La sociedad es creada por las normas. No hay sociedad sin normas. Y no hay normas si éstas no están sobre una sociedad.
Por eso estoy en contra de cualquier tipo de sociedad. Ya sea justa o injusta, libre o esclava, rica o pobre.
Para que una sociedad sea como ''tiene que ser'' - como el mundo quiere que sea- hay que cumplir una serie de reglas. Cada uno tiene sus propias normas y debe aplicarlas sobre sí mismo, no sobre los demás.
Pero desgraciadamente, a día de hoy, si no perteneces a ningún tipo de sociedad, no puedes vivir.
Más me gustaría a mí perderme en uno de esos bosques de Huelva y nunca salir de ahí...
La sociedad es creada por las normas. No hay sociedad sin normas. Y no hay normas si éstas no están sobre una sociedad.
Por eso estoy en contra de cualquier tipo de sociedad. Ya sea justa o injusta, libre o esclava, rica o pobre.
Para que una sociedad sea como ''tiene que ser'' - como el mundo quiere que sea- hay que cumplir una serie de reglas. Cada uno tiene sus propias normas y debe aplicarlas sobre sí mismo, no sobre los demás.
Pero desgraciadamente, a día de hoy, si no perteneces a ningún tipo de sociedad, no puedes vivir.
Más me gustaría a mí perderme en uno de esos bosques de Huelva y nunca salir de ahí...
Cáp. 1
Iba caminando por allí. Tenía las manos colocadas delante de mi cuerpo, buscando tropezar con algo. Ese sitio estaba muy oscuro. No veía nada. Tampoco había sonido alguno. No escuchaba siquiera mi respiración, ni tampoco mis pasos. No recordaba cómo había llegado ahí. Sólo sabía que estaba totalmente sola y aislada. Llevaba bastante tiempo caminando. Era todo muy denso y frío.
Yo me sentía totalmente neutral. No sentía nada. Ni cansancio, ni hambre, ni temperaturas altas o bajas, ni siquiera al tocarme a mí misma podía sentir nada más allá que el tacto. Ni acariciándome ni golpeándome sentía ningún placer o dolor.
Hubo un momento en el que mis piernas no podían más. Caí al suelo. No me sentía agotada, pero sabía que lo estaba. Así que permanecí ahí, en aquella tierra húmeda, acostada. Había estado demasiado tiempo buscando... algo. Lo que fuese. Ya no sólo ayuda, sino cualquier cosa que no fuese oscuridad.
Pasaron algunos minutos y yo permanecía quieta. Hasta que de pronto vi aparecer una luz a lo lejos. Poco a poco se iba acercando. Era muy potente, pero no iluminaba nada. Tan sólo era aquella luz quieta, que se hacía cada vez mayor. Me levanté, pensando que quizás fuese alguna ayuda. Cualquier persona con una linterna que estuviese en la misma situación que yo.
Aquella luz era tan fuerte, que tuve que colocar el brazo delante de mi rostro, para que no pudiese cegarme. Entonces caí al suelo y por primera vez en X tiempo, conseguí sentir dolor. Mis ojos se cerraron y mis manos permanecieron quietas. Aquella luz me había empujado hasta caer. Mis párpados permanecían totalmente cerrados. No podía abrirlos. Y empecé a llorar por debajo de ellos. Tampoco conseguía moverme. Y a pesar de mantener mi vista ciega, pude ver -o quizás fuese sentir- que la luz seguía ahí, haciéndose aún mayor.
De pronto, todo empezó a moverse. Sentí muchísimo mareo. El ambiente daba vueltas alrededor de mi cuerpo rígido, y mi cabeza estaba a punto de explotar. Entonces todo ese movimiento paró en seco. Y pude notar como lo que me rodeaba había cambiado por completo.
Abrí mis ojos. Me encontré en una sala muy iluminada. Estaba acostada en la camilla, rodeada de médicos que aplaudían y personas diciendo ser mis familiares que lloraban.
Yo no entendía nada.
Hasta que me di cuenta de lo que ocurría.
Había estado 3 meses caminando en aquel lugar. Hasta que desperté en esa sala. 3 meses en coma por un intento de suicidio. 3 meses en una camilla, conectada a máquinas, sin poder moverme. 3 meses que, tras despertar de ellos, perdí toda la memoria y lo único que recordaba fue aquel frío lugar en el que nunca supe cómo había llegado hasta ahí.
....
(CONTINUARÁ)
jueves, 24 de enero de 2013
El Dragón.
No hay mayor belleza que aquella que admiramos no por su estética, sino por lo que representa.
Un alma poderosa una fuerza caótica, una armadura indestructible, una rapidez extrema, una agilidad escalofriante y una belleza incomparable.
La criatura más imposible y perfecta que pueda existir.
Una bestia insuperable e inalcanzable.
domingo, 20 de enero de 2013
Melissa
Mi ''sexto sentido'' -como se le suele decir- me aclaraba con total seguridad que había algo entre ella y yo. No sé qué era, mi sexto sentido no me lo quería decir, pero a juzgar por mis sentimientos, yo prefería que fuese algo más que una simple amistad. Ya que, ¿qué chica normal querría besar a su amiga?
Porque yo quería. Quería rodear su cintura con mis brazos, quería acercarme a ella y notar su aliento, quería acostarme en su pecho y aferrarme a él; pero lo que más quería con toda mi alma, era besarla. Y que ella no se apartara de mí. Que me dijese lo mucho que me amaba, y yo poder decirle lo mucho que esperaba a ese momento, junto a ella, y junto a sus labios, aquellos labios rosados y finos que moría por probar.
También me gustaba pensar que algún día la vería frente a mí, rozando mis mejillas con sus suaves manos, mirándome fijamente sin apartar la vista a cualquier otro lugar que no fuese mi rostro, observándome con esos ojos marrones claros que embellecían su mirada...
Sí, aquella mirada, la mirada que me hipnotizaba y, desgraciadamente, me enamoraba.
03.
Porque yo quería. Quería rodear su cintura con mis brazos, quería acercarme a ella y notar su aliento, quería acostarme en su pecho y aferrarme a él; pero lo que más quería con toda mi alma, era besarla. Y que ella no se apartara de mí. Que me dijese lo mucho que me amaba, y yo poder decirle lo mucho que esperaba a ese momento, junto a ella, y junto a sus labios, aquellos labios rosados y finos que moría por probar.
También me gustaba pensar que algún día la vería frente a mí, rozando mis mejillas con sus suaves manos, mirándome fijamente sin apartar la vista a cualquier otro lugar que no fuese mi rostro, observándome con esos ojos marrones claros que embellecían su mirada...
Sí, aquella mirada, la mirada que me hipnotizaba y, desgraciadamente, me enamoraba.
03.
jueves, 17 de enero de 2013
FINIS MUNDI - LAURA GALLEGO
''Somos esponsables por todo lo que sucede en este mundo. Con la fuerza de nuestro Amor, de nuestra voluntad, podemos cambiar nuestro destino y el de mucha gente.''
Paulo Coehlo, As Valquírias
martes, 8 de enero de 2013
El dulce sabor de la venganza.
Hacía tanto tiempo que llevaba deseándolo... Desde que su familia se mudó a nuestro colorido pueblo, no hizo más que intentar destrozar mi vida. Y así era. La había destrozado. Pero no por completo.
Mis padres se llevaban genial con sus padres. Casi todos los días iban a tomarse un té con ellos, y me obligaban a acompañarles. <<Vamos, Less, así te relacionas un poco con la hija de los Lekker>>, me decía. Sí, ya. Como si yo quisiera ''relacionarme'' con ella. Estaba pirada. Loca de la cabeza. Yo sentía un odio repugnante hacia ella y ella lo sentía hacia mí. Su mirada de mosquita muerta lo decía todo. Tan sólo quería dar pena y echarme la culpa de todas sus mierdas. Quería parecer la víctima. Pero ahora no haría falta que lo pareciese. Porque lo era. Era mi nueva víctima.
La verdad, hace ya casi dos décadas de eso. Pero ella estuvo amargándome durante ocho largos años. Yo sólo tenía diez cuando la conocí. Afortunadamente, a los dieciocho me tuve que marchar a la universidad de Oxford si quería estudiar para mi futuro. Pero ahora, veinte años después de haberla conocido, he regresado. Me ha llevado unos cuantos meses averiguar datos sobre ella. Desde lo más simple hasta lo más complicado. Con sólo una pequeña información me bastaba: La dirección de su casa, y el horario en el que estaría sola. Ella no trabajaba, se alimentaba del pobre salario de su marido. Él trabajaba desde las doce hasta las ocho. Sus dos hijos iban a las clases particulares desde siete a ocho y media. Es decir, entre las siete y ocho ella estaría en su casa sola -a no ser que estuviese acompañada de amigos, o, como bien se rumoreaba por ahí, algún amante-, pero las posibilidades eran escasas. Últimamente ella había repelado a todo aquel o aquella que se acercara. -Normal, ¿quién no querría alejarse de ella?-
Con saber esas simples cosas, no hice más que volver a mi pueblo, donde ella seguía viviendo, y acercarme a matarla.
Me había colado en su casa más o menos hacía veinte minutos. Salté por la ventana, que la tenía afortunadamente abierta, y me escondí detrás del sofá donde estaba colocada una taza de café en una pequeña mesita y una manta arrugada. Ella estaba en otro lado de la casa, posiblemente el baño o la cocina, pero no se mantuvo allí mucho tiempo.
Mientras se oían sus pasos desde el pasillo, mi corazón cada vez latía más y más fuerte. Obviamente, no era la primera vez que mataba a alguien, ya que siempre fui una persona con muchas ideas asesinas en mi cabeza -y a pesar de esas ideas y de los actos que había cometido, no consideraba que yo fuese una asesina ni que lo que estuviese haciendo fuese algo malo, ya que muchas personas que maté merecían morir, como, por ejemplo, Kristen Lekker, la mujer la cuál yo estaba dispuesta a matar-, pero, extrañamente, con el caso de esta odiosa mujer, era todo muy diferente. Hacía ya bastantes años dejé de ponerme terriblemente nerviosa al estar a punto de matar a mis víctimas, ya que había sido pan comido; pero algo había con ella que me tensaba de una manera horrible. Siempre quise matarla, y como era obvio, no me iba a arrepentir ahora. No tenía ni un solo pensamiento de dejarla ir. Estaba totalmente convencida de que la quería matar. Entonces, ¿por qué me temblaban tanto las manos? ¿Por qué mi vista era borrosa y difícil?
Le resté importancia. Una vez que Kristen se sentó en el sofá, alcé la vista y, sin quererlo, una pequeña sonrisa maliciosa iluminaba mi mirada.
Levanté mi arma y me dispuse a clavársela. Pero no quería ser muy brusca. Esta vez prefería acercar el cuchillo a su cuello y susurrarle al oído. Lo que sea. Lo que me saliese. Lo primero que se me pasase por la cabeza. Así sería todo mucho más bonito. Soltarle lo que sentía en ese momento, lo que pensaba, y luego ver su cara de terror para finalmente poder matarla.
Eso hice. Acerqué el cuchillo a su cuello, rozándole la piel, y ella gritó. Me acerqué lentamente y le solté un pequeño suspiro al oído. <<El dulce sabor de la venganza>>, fue lo único que le dije. Para ver su rostro, me alejé y se giró. Al ver mi cara, pudo identificarme rápidamente. <<¿Less..?>> Mi nombre fueron sus últimas palabras. Luego pronunció un pequeño grito ahogado, que apenas contenía fuerza alguna, y se levantó para salir corriendo. Antes de que pudiese hacerlo, me acerqué y le rajé el cuello, haciéndole así, una herida profunda y sangrienta. Luego decidí acuchillarle por todo el cuerpo, para que cayera tendida al suelo. Y así fue. Sin apenas haber pasado diez minutos, ella yacía en el piso completamente muerta. Me acerqué a su cadáver para poder destriparla y comerme todo o casi todo que había en su interior. <<El sabor de su sangre y sus tripas es compensado con los veinte años de angustia que llevaba en mi interior y que ahora pudo ser liberada>>, pensé. Empecé a reírme a carcajadas descontroladamente, aún con el cuchillo en la mano y sus corazón masticado en pequeños trozos en mi paladar. Mis risas eran tan ruidosas que se oía el eco desde el fondo del pasillo. El propio eco de mis carcajadas me asustó, pero no frenó mi felicidad.
(...)
Desde aquel suceso, han pasado ya unos cuantos meses. Escribo esto desde la cárcel. Os relataré lo que me ha pasado desde aquí, redactándolo con un lápiz sin apenas mina y unos cuantos trozos de papel higiénico.
La policía entró en la casa después de que el marido de Kristen hiciese una llamada. Sus dos hijos se quedaron en casa de su abuela paterna, viendo una peli y siendo inconscientes de que su madre había sido asesinada y devorada.
Pasaban las semanas y el FBI investigaba el caso. No dudaron ni un segundo en sospechar de la persona menos sospechosa -una muy buena táctica, por cierto- así que fueron conscientes de que hacía unos meses una persona -yo- había estado analizando los documentos de Kristen. Era un dato del que no me percaté. Aunque no me preocupé mucho de mi fallo tonto, ya que nunca fui silenciosa en mis asesinatos, y ya había estado un tiempo en la cárcel. Me daba igual estarlo otro tiempo más.
Al cabo de poco, descubrieron mi identidad y pudieron demostrar que fui yo la asesina. A la hora de entrar al juicio, no hicieron falta muchas palabras por parte de nadie. Confesé de manera fría. Inmediatamente la gente notó que yo no sentía piedad alguna por aquella mujer. Sus familiares y amigos no tenían ni idea de quién era yo ni la situación que mantuve con ella desde que era una cría, así que no podían comprender el rencor que había acumulado con el paso de los años. ¿Qué me importaba a mí que ella tuviese una vida poco rica, un marido que era un hombre genial y unos dos hijos preciosos? Yo sólo quería matarla a ella, y no porque su estúpida familia me fuese a dar pena, iba a dejar de hacerlo. Además, su marido y sus hijos se forrarían bastante. Tengo entendido que se guardaba más de quinientas mil libras en el banco. Qué calladito se lo tenía, la muy zorra. Mejor para mí haberla matado, y mejor aún para su familia. Nadie tiene que aguantar a una escoria como esa.
Bueno, creo que es hora de despedirme. Se me acaba la mina del lápiz y no me gustaría dejar una historia a medio escribir. Tan sólo os quiero decir que cuidéis vuestras espaldas, porque el dulce sabor de la venganza es realmente irresistible y placentero, y nadie se arrepentirá de probarlo con vosotros. Buenas noches.
Attenya Kerstin Amane.
Levanté mi arma y me dispuse a clavársela. Pero no quería ser muy brusca. Esta vez prefería acercar el cuchillo a su cuello y susurrarle al oído. Lo que sea. Lo que me saliese. Lo primero que se me pasase por la cabeza. Así sería todo mucho más bonito. Soltarle lo que sentía en ese momento, lo que pensaba, y luego ver su cara de terror para finalmente poder matarla.
Eso hice. Acerqué el cuchillo a su cuello, rozándole la piel, y ella gritó. Me acerqué lentamente y le solté un pequeño suspiro al oído. <<El dulce sabor de la venganza>>, fue lo único que le dije. Para ver su rostro, me alejé y se giró. Al ver mi cara, pudo identificarme rápidamente. <<¿Less..?>> Mi nombre fueron sus últimas palabras. Luego pronunció un pequeño grito ahogado, que apenas contenía fuerza alguna, y se levantó para salir corriendo. Antes de que pudiese hacerlo, me acerqué y le rajé el cuello, haciéndole así, una herida profunda y sangrienta. Luego decidí acuchillarle por todo el cuerpo, para que cayera tendida al suelo. Y así fue. Sin apenas haber pasado diez minutos, ella yacía en el piso completamente muerta. Me acerqué a su cadáver para poder destriparla y comerme todo o casi todo que había en su interior. <<El sabor de su sangre y sus tripas es compensado con los veinte años de angustia que llevaba en mi interior y que ahora pudo ser liberada>>, pensé. Empecé a reírme a carcajadas descontroladamente, aún con el cuchillo en la mano y sus corazón masticado en pequeños trozos en mi paladar. Mis risas eran tan ruidosas que se oía el eco desde el fondo del pasillo. El propio eco de mis carcajadas me asustó, pero no frenó mi felicidad.
(...)
Desde aquel suceso, han pasado ya unos cuantos meses. Escribo esto desde la cárcel. Os relataré lo que me ha pasado desde aquí, redactándolo con un lápiz sin apenas mina y unos cuantos trozos de papel higiénico.
La policía entró en la casa después de que el marido de Kristen hiciese una llamada. Sus dos hijos se quedaron en casa de su abuela paterna, viendo una peli y siendo inconscientes de que su madre había sido asesinada y devorada.
Pasaban las semanas y el FBI investigaba el caso. No dudaron ni un segundo en sospechar de la persona menos sospechosa -una muy buena táctica, por cierto- así que fueron conscientes de que hacía unos meses una persona -yo- había estado analizando los documentos de Kristen. Era un dato del que no me percaté. Aunque no me preocupé mucho de mi fallo tonto, ya que nunca fui silenciosa en mis asesinatos, y ya había estado un tiempo en la cárcel. Me daba igual estarlo otro tiempo más.
Al cabo de poco, descubrieron mi identidad y pudieron demostrar que fui yo la asesina. A la hora de entrar al juicio, no hicieron falta muchas palabras por parte de nadie. Confesé de manera fría. Inmediatamente la gente notó que yo no sentía piedad alguna por aquella mujer. Sus familiares y amigos no tenían ni idea de quién era yo ni la situación que mantuve con ella desde que era una cría, así que no podían comprender el rencor que había acumulado con el paso de los años. ¿Qué me importaba a mí que ella tuviese una vida poco rica, un marido que era un hombre genial y unos dos hijos preciosos? Yo sólo quería matarla a ella, y no porque su estúpida familia me fuese a dar pena, iba a dejar de hacerlo. Además, su marido y sus hijos se forrarían bastante. Tengo entendido que se guardaba más de quinientas mil libras en el banco. Qué calladito se lo tenía, la muy zorra. Mejor para mí haberla matado, y mejor aún para su familia. Nadie tiene que aguantar a una escoria como esa.
Bueno, creo que es hora de despedirme. Se me acaba la mina del lápiz y no me gustaría dejar una historia a medio escribir. Tan sólo os quiero decir que cuidéis vuestras espaldas, porque el dulce sabor de la venganza es realmente irresistible y placentero, y nadie se arrepentirá de probarlo con vosotros. Buenas noches.
Attenya Kerstin Amane.
viernes, 4 de enero de 2013
La búsqueda del amor.
(...)
<<Ellas dicen que todos los hombres están comprometidos o son gays, y ellos dicen que todas las mujeres son unas interesadas o fáciles... Pero ambos están equivocados: encontrar pareja depende de uno mismo, no de los demás.
''Con el paso de los años las personas se hacen más exigentes, eso es algo normal. El problema viene cuando se salen de la realidad y están esperando a que llegue alguien que no existe.'' (Yo en pocas palabras).
Se postró ante el maestro y le preguntó:
-¿Por qué no tengo pareja por más que la busco?
El maestro le respondió:
-Una cosa es buscar y otra distinta desear encontrar. ¿Es posible que al mismo tiempo que estás buscando, inconscientemente quieras quedarte como estás? Si es así, te harás trampas a ti mismo, y buscarás en aquellos lugares, o entre las personas, donde nada puedas encontrar.>>
jueves, 27 de diciembre de 2012
La despedida.
Aquel día estaba muy cansada, así que decidí no cenar e irme directamente a dormir. Al caminar, los pies me pesaban, y sentía un dolor punzante en la espalda, casi tan doloroso como el de una cuchillada.
Llegué a mi habitación y me miré en el espejo, aterrorizada. Mis ojos estaban hinchados, tenía unas ojeras muy profundas y mi rostro estaba casi tan pálido como el blanco de la leche. Luego me acostumbré a verme así, ya que pensé que era normal, pues la pesadez que llevaba encima era muy incómoda.
Me desnudé y me acosté en la cama en ropa interior, tapada con la manta hasta el cuello. Cerré los ojos y dejé que el tiempo corriese.
Pasaron unas horas, y de repente desperté en seco. Oí unos ruidos al fondo del pasillo, en la entrada, como si alguien hubiese abierto la puerta. Miré el reloj. Eran las 03:00. Un pensamiento invadió mi mente: <<¿No me había dicho mi madre, hacía ya un tiempo, que las tres de la madrugada era la hora del diablo?>> Al principio me quedé paralizada, pero luego solté una pequeña risa. <<Esto es de tontos, debe ser mi imaginación.>>, pensé.
Pero el ruido volvió a sonar, incluso antes de que yo pudiese volver a taparme por completo. Entonces salí de la cama, con curiosidad de saber qué podía ser lo que andaba rondado por ahí. Cogí el bate de béisbol que tenía mi hermano en su habitación, y mientras caminaba un escalofrío se apoderaba de mi cuerpo.
Bajé las escaleras y llegué hasta la entrada, pero no había nadie. Estaba todo tal y como yo lo había dejado horas atrás. Volví a mi cama, relajada y a la vez decepcionada conmigo misma.
Pero, al llegar a las escaleras, me fijé en que uno de los escalones más altos, había un rastro de sangre. No lo pensé dos veces: Mi madre.
Subí corriendo las escaleras, manchándome así la ropa de aquella sangre, sangre que pude notar fría.
Llegué a la habitación de mi madre, y lo primero que vi en la entrada fue la silueta de lo que parecía ser un hombre. Asustada, agarré el bate con fuerza, dispuesta a golpearle; pero antes de que pudiese acercarme a él, levantó una mano y el bate salió disparado hacia el otro lado de la habitación.
Logré ver mejor a aquel hombre y me di cuenta de que llevaba una máscara puesta, hecha de trapo. Acostumbrada ya a la oscuridad, aproveché para fijarme en si mi madre seguía ahí, en la cama. Y así fue. Dormía plácidamente. Como si no se hubiese dado cuenta de lo que estaba pasando a su alrededor. Pero, entonces, ¿de quién era aquella sangre?
Me toqué el abdomen y estaba totalmente empapado. En ese instante me pude percatar de una cosa: El charco de sangre que había en la escalera, era mío. Lo había manchado yo.
Miré a aquel hombre, que me sonrió con malicia y se esfumó. De repente caí al suelo, y sin darme cuenta apenas del golpe, noté cómo mi cuerpo desaparecía lentamente.
Entonces mi madre se levantó de la cama y salió al pasillo. ¿Qué le pasaba? Yo estaba ahí, tendida en el piso, desangrándome y desapareciendo, y ella pasaba de largo como si no me estuviese viendo.
Poco a poco me fijé en cómo una sonrisa perturbadora y siniestra se acercaba a mí. Una luz cegadora me dejó completamente fría, y, en ese mismo instante, mi alma desapareció.
lunes, 24 de diciembre de 2012
domingo, 23 de diciembre de 2012
Estoy llena de odio.
Hoy me he llenado de rabia y odio hacia todo lo que me rodea, la gente con la que vivo y estoy, cómo desaprovecho mi vida haciendo estupideces de adolescente y malgastando todas mis virtudes por ser esclava de un sistema.
No me refiero a que no me guste mi familia ni mis amigos, -es más, creo que ambos grupos son lo mejor que tengo- sino al sitio en dónde me ubico y con quién. Sólo hace falta analizar un poco en qué nos estamos convirtiendo y por culpa de qué o quién. -Principalmente de quién.-
Ahora mismo ando escribiendo esto aquí porque si lo llego a decir en frente del presidente, llamaría a los policías y me echarían a patadas. Incluso sin estar delante de él; una ya no puede asistir a manifestaciones sin miedo de que le den un porrazo.
¿De verdad es necesario todo esto? Mientras nos engañan para que consumamos, los de arriba se quedan forrados de dinero. DINERO. ¿Es tan importante? Estamos siendo utilizados por una clase de gente a la que ni siquiera les importamos.
Aunque creo que eso ya lo sabemos todos, ¿o no? No hacemos más que quejarnos, pero curiosamente a la vez que nos quejamos, seguimos siendo esclavos del sistema. Sin intentar nada. Estamos pidiendo derechos desde el sofá, sin movernos siquiera. Creemos que tenemos menos poder del que de verdad poseemos. ¿Y sabéis por qué? Porque los de arriba, los que están ahí en sus yates, nos han hecho creerlo así. Pero, ¿por qué no abrimos los ojos? Nosotros valemos más que ellos, el pueblo puede con el presidente, se supone que esto era una democracia, ¡una maldita democracia! Si no fuese por nosotros ellos no estarían ahí arriba, podemos pararlo cuando queramos, pero no queremos porque creemos que no podemos. Somos capaces de bajarlos de ahí sólo con alzar la voz. Sí, es cierto que las últimas manifestaciones no han valido de mucho, -sólo para ver en las noticias a niños con moratones y gente quejándose de que los policías les han dado con la porra- pero podemos hacer más que esas manifestaciones, podemos ganar sin recurrir a la violencia, podemos reírnos de sus caras, podemos dejar de ser utilizados, podemos hacer que ellos caigan en la ruina, no sólo con alzar el puño y la voz, sino con dejar de consumir tanto, dejar de engañarnos, tener un poco más de cabeza y pensar más acerca de lo que nos estamos convirtiendo. Cada uno con sus estrategias, con sus técnicas. Si lo intentamos todos, podremos con ellos. La unión hace la fueza.
Y esto ya es algo más personal: Miradme, soy una niña de 13 años que escribe esto desde su casa. Y lo escribe para un blog. Mis padres me pagan mis necesidades y algunos de mis caprichos, ¿por qué me agobio por esto? ¿Por qué soy yo la que se molesta si me cubren sin tener que hacer yo nada?
Pues porque mis padres sufren, mi hermano sufre, la gente que conozco sufre. Y yo con sólo ver cómo será mi futuro, también sufro. Mi padre cobra una pensión bastante baja y mi madre está trabajando muchísimo. A mi hermano hubo una época en la que no le cobraron durante X tiempo. Es difícil cubrir algunos gastos y no hago más que oír como todo el mundo se queja. Miro mis notas y, no, no están mal, ni tampoco geniales, pero aunque estuviesen perfectas, sigo sin tener la suficiente esperanza de que llegaré a ser algo en la vida. Posiblemente el dinero no me llegue para pagarme una universidad y poder ser periodista, estudiar literatura y fotografía. ¿Y si no me llega, qué? A lo mejor me dan una beca, pero cada vez se reducen más. A este paso dormiremos todos en cajas de cartón.
Y hay gente con una situación peor que la mía. Claro que la hay, muchísimo peor. Gente que no puede ni comer como debería, gente que busca en la basura cualquier cosa que le sirva de algo, gente que duerme en cajas de cartones, gente que espera horas en la cola del paro, gente explotada para ganar un salario de mierda -y perdonad la vulgar expresión, pero es así.-
¡Pero puedo pararlo! Tú, yo, y todos. ¿Por qué no lo hacemos? Necesitamos a más personas, sólo gente que sea consciente de todo, si nos unimos valemos más que esa gentecilla que mintió y nos utiliza.
Sólo se necesitan esperanzas.
Dame la mano, y luchando podremos vencerlos.
sábado, 22 de diciembre de 2012
Los malos recuerdos.
Hay recuerdos que a veces aparecen en tu mente, con el único objetivo de venir y destrozarte. Pero entonces, dentro de unos minutos, -o unas horas- te das cuenta de que realmente esos recuerdos te sirven para percatarte de que, al fin y al cabo, son recuerdos, cosas pasadas, que ya ocurrieron, que superaste, y que ayudaron a mejorar tu autoestima y tu fuerza de voluntad.
Nada mejor que los malos recuerdos, ¿verdad?
Nada mejor que los malos recuerdos, ¿verdad?
¡De vuelta!
Bueno, en primer lugar; pedir disculpas a mis lectores por esta corta ausencia.
Vengo a anunciaros que ya estoy aquí, con muchas ganas de escribir, y muchísimas reflexiones o relatos que compartir. Mediante pasaba el tiempo sin escribir en el blog, he recurrido a una pequeña libreta donde he escrito todos mis pensamientos y todas mis memorias. Tengo bastantes, y claramente no los publicaré todos en un día, me tomaré mi tiempo. Posiblemente cada un día o cada dos escriba una entrada. Por ahora publicaré una nueva titulada: ''Los malos recuerdos''. Sólo espero que la disfrutéis.
Y, cómo no, gracias a todos por leerme.
PD: He estado escribiendo una pequeña novela que por ahora no os desvelaré más que el prólogo de tal. Es una sorpresa, que hasta que no la termine de escribir, no sacaré a la luz. Dentro de unos días veréis el comienzo de ella, os lo dejaré para que os podáis hacer una idea.
Vengo a anunciaros que ya estoy aquí, con muchas ganas de escribir, y muchísimas reflexiones o relatos que compartir. Mediante pasaba el tiempo sin escribir en el blog, he recurrido a una pequeña libreta donde he escrito todos mis pensamientos y todas mis memorias. Tengo bastantes, y claramente no los publicaré todos en un día, me tomaré mi tiempo. Posiblemente cada un día o cada dos escriba una entrada. Por ahora publicaré una nueva titulada: ''Los malos recuerdos''. Sólo espero que la disfrutéis.
Y, cómo no, gracias a todos por leerme.
PD: He estado escribiendo una pequeña novela que por ahora no os desvelaré más que el prólogo de tal. Es una sorpresa, que hasta que no la termine de escribir, no sacaré a la luz. Dentro de unos días veréis el comienzo de ella, os lo dejaré para que os podáis hacer una idea.
domingo, 2 de diciembre de 2012
Ausencia.
Perdonad chicos, pero me debo ausentar durante un tiempo. Hasta febrero o así no volveré a escribir otro relato nuevo. Para compensar la falta de constancia, os traeré el prólogo o los primeros capítulos de una novela que ando escribiendo desde los últimos días. Un beso y muchas gracias por seguir leyendo mi blog con la misma atención que el primer día.
miércoles, 7 de noviembre de 2012
El libro de la muerte.
Israel se encontraba en medio del patio del instituto buscando desesperadamente a Ana. Le tenía que devolver un libro extraño que ella le había prestado unos días antes. Necesitaba dárselo cuanto antes, pues el libro no era de ella, sino de la librería que llevaba su padre, y lo había robado de una de las estanterías del escaparate.
Aquel libro era muy extraño, pues era totalmente negro, no llevaba título, y todas sus páginas tenían un color naranja pálido y olían a polvo. Alguna de las esquinas estaban rotas o manchadas de grasa.
La historia de aquel libro era muy siniestra. No había un sentido completo. Cada capítulo parecía completamente paralelo al anterior y al siguiente. Los personajes, los lugares, las acciones... todo era diferente. Aunque cada episodio del libro tenía algo en común con los demás: siempre había una niña misteriosa mirando de reojo a los demás en alguna escena aleatoria, y uno de los personajes, normalmente el principal, acababa suicidándose. Pero carecía de importancia.
Israel seguía sin encontrar a Ana, y cada vez faltaba menos para poder entrar a clase. Una niña desconocida se acercó a él, y sin más, levantó una mano y señaló el porche. Él pensando que aquella niña le dirigía a dónde estaba Ana, obedeció y se encaminó hasta la pequeña sala.
Lo cierto es que Israel nunca había visto a esa niña por el instituto. Pero no tenía tiempo de pensar en eso, tenía demasiada prisa por encontrar a su amiga.
Llegó al porche y caminando lentamente, mientras movía la cabeza buscando alguna cara conocida, cayó bruscamente al suelo al resbalarse con una notita.
-¡Joder!
Se agachó y recogió esa notita para leerla con curiosidad. Decía:
''¿Qué haces aquí, Israel? ¿Qué haces que no me estás buscando? Necesito que me des el libro. Lo necesito. Mi padre se dará cuenta de que no está y me peleará. No preguntes por qué sabía que esta carta la encontrarías tú. Porque la respuesta te asustaría . Anda, lárgate de aquí y ve a la puerta de salida del centro, que te estoy esperando.
-Ana''.
Israel se sentía muy confuso. Aquella nota le desesperaba. Aún así corrió hacia la salida para darle el maldito libro a Ana.
Al cruzar el porche y llegar a la puerta, se dio cuenta de que todo estaba vacío. Ya no había gente en el centro. Las voces cesaron por completo y no quedaba rastro de nadie. Horrorizado, salió corriendo. A mitad del camino, se percató de que posiblemente ya habría tocado el timbre, él no se habría enterado y ya estarían todos en clase. Se tranquilizó. Caminó hacia su clase preocupado de no llegar tarde y se cruzó con una pared en medio del pasillo. Una pared que nunca antes había estado ahí.
-¿Pero qué...? ¡¿Qué coño es esto?! ¡Juraría que ahí no había ninguna pared! ¡Oh, venga ya! ¡¡Que voy a llegar tarde a clase!!
Israel se llevó las manos a la cabeza y se dio cuenta de algo: una enorme herida en su frente. No paraba de sangrar.
Ni siquiera le dolía, no sentía nada, ni el líquido de la sangre recorriendo su rostro. Empezó a gritar asustado, no recordaba haberse hecho daño en la cabeza estos últimos días. Es más, haría cinco minutos que su cara estaba en perfecto estado. Comprobó sus manos y se dio cuenta de que no llevaba el libro.
-¿Y ahora qué..?
De repente, de aquella pared se abrió un gran agujero negro, que mandaba una fuerte ventisca al exterior. De él, salió disparado un libro, que le dio un fuerte golpe en la cabeza a Israel.
Él, boquiabierto, cogió el libro y se dio cuenta de que era el libro que Ana le había prestado. Pero esta vez habían diferencias en él: Tenía un título. ''El libro de la muerte.'' Y sus páginas estaban vacías. No llevaban palabras. Ni una sola letra. Nada.
Se asustó al ver el título, por lo que gritó y tiró el libro al suelo. A pesar de que esta vez el libro tenía título y no quedaban palabras en él, Israel sabía reconocerlo. Había algo que le resultaba familiar. Una sensación bastante escalofriante.
Al levantar la cabeza y mirar hacia adelante, se dio cuenta de que aquella niña que le señaló el porche en el patio, estaba ahí, delante suya, mirándole de reojo. Israel se paralizó y empezó a temblar. Esa niña le recordaba mucho a las historias de terror del libro de miedo que le había prestado Ana. La niña dio media vuelta hacia él, mirándolo nuevamente. Esta vez mirándole de frente. Ella le sonrió y cerró los ojos. De repente, todo se empezó a ver de color negro. Israel se encontraba en una sala totalmente oscura y vacía. Ponía sus manos delante de su cuerpo, esperando encontrar en ellas una pared en la que apoyarse. Parecía un zombie, caminando lentamente con sus brazos abiertos delante suya.
Después de un largo rato caminando, sus palmas chocaron con lo que sería una pared. Inmediatamente, apenas haber pasado unas centésimas de segundo, toda esa oscuridad cesó y ahora Israel se encontraba en la azotea de su instituto, con un cuchillo en una mano y el libro en la otra.
El libro había cambiado el título, de nuevo. Ya no decía ''El libro de la muerte.'' Ahora, su nuevo título, que más que un título era una orden, decía: ''Hazlo.''
Israel comprendió lo que debía hacer. Tan sólo se acercó al borde del muro, dejó caer el libro sobre el suelo, y puso el cuchillo de manera que su hoja mirase hacia el pecho.
Él tan sólo dio un paso hacia adelante y cayó al suelo bocabajo, haciendo así, que el cuchillo atravesara su pecho y muriese.
Suicidio.
Al otro lado de la azotea se encontraba aquella niña extraña, esbozando una gran sonrisa mientras escribía en el libro de Ana.
Escribía una nueva historia. Añadía un nuevo capítulo.
En el que un estudiante de instituto se suicidaba en la azotea de su centro.
Y, al igual que en los anteriores capítulos, aquel estudiante vio a una niña desconocida que la miraba de reojo.
Attenya Kerstin
Aquel libro era muy extraño, pues era totalmente negro, no llevaba título, y todas sus páginas tenían un color naranja pálido y olían a polvo. Alguna de las esquinas estaban rotas o manchadas de grasa.
La historia de aquel libro era muy siniestra. No había un sentido completo. Cada capítulo parecía completamente paralelo al anterior y al siguiente. Los personajes, los lugares, las acciones... todo era diferente. Aunque cada episodio del libro tenía algo en común con los demás: siempre había una niña misteriosa mirando de reojo a los demás en alguna escena aleatoria, y uno de los personajes, normalmente el principal, acababa suicidándose. Pero carecía de importancia.
Israel seguía sin encontrar a Ana, y cada vez faltaba menos para poder entrar a clase. Una niña desconocida se acercó a él, y sin más, levantó una mano y señaló el porche. Él pensando que aquella niña le dirigía a dónde estaba Ana, obedeció y se encaminó hasta la pequeña sala.
Lo cierto es que Israel nunca había visto a esa niña por el instituto. Pero no tenía tiempo de pensar en eso, tenía demasiada prisa por encontrar a su amiga.
Llegó al porche y caminando lentamente, mientras movía la cabeza buscando alguna cara conocida, cayó bruscamente al suelo al resbalarse con una notita.
-¡Joder!
Se agachó y recogió esa notita para leerla con curiosidad. Decía:
''¿Qué haces aquí, Israel? ¿Qué haces que no me estás buscando? Necesito que me des el libro. Lo necesito. Mi padre se dará cuenta de que no está y me peleará. No preguntes por qué sabía que esta carta la encontrarías tú. Porque la respuesta te asustaría . Anda, lárgate de aquí y ve a la puerta de salida del centro, que te estoy esperando.
-Ana''.
Israel se sentía muy confuso. Aquella nota le desesperaba. Aún así corrió hacia la salida para darle el maldito libro a Ana.
Al cruzar el porche y llegar a la puerta, se dio cuenta de que todo estaba vacío. Ya no había gente en el centro. Las voces cesaron por completo y no quedaba rastro de nadie. Horrorizado, salió corriendo. A mitad del camino, se percató de que posiblemente ya habría tocado el timbre, él no se habría enterado y ya estarían todos en clase. Se tranquilizó. Caminó hacia su clase preocupado de no llegar tarde y se cruzó con una pared en medio del pasillo. Una pared que nunca antes había estado ahí.
-¿Pero qué...? ¡¿Qué coño es esto?! ¡Juraría que ahí no había ninguna pared! ¡Oh, venga ya! ¡¡Que voy a llegar tarde a clase!!
Israel se llevó las manos a la cabeza y se dio cuenta de algo: una enorme herida en su frente. No paraba de sangrar.
Ni siquiera le dolía, no sentía nada, ni el líquido de la sangre recorriendo su rostro. Empezó a gritar asustado, no recordaba haberse hecho daño en la cabeza estos últimos días. Es más, haría cinco minutos que su cara estaba en perfecto estado. Comprobó sus manos y se dio cuenta de que no llevaba el libro.
-¿Y ahora qué..?
De repente, de aquella pared se abrió un gran agujero negro, que mandaba una fuerte ventisca al exterior. De él, salió disparado un libro, que le dio un fuerte golpe en la cabeza a Israel.
Él, boquiabierto, cogió el libro y se dio cuenta de que era el libro que Ana le había prestado. Pero esta vez habían diferencias en él: Tenía un título. ''El libro de la muerte.'' Y sus páginas estaban vacías. No llevaban palabras. Ni una sola letra. Nada.
Se asustó al ver el título, por lo que gritó y tiró el libro al suelo. A pesar de que esta vez el libro tenía título y no quedaban palabras en él, Israel sabía reconocerlo. Había algo que le resultaba familiar. Una sensación bastante escalofriante.
Al levantar la cabeza y mirar hacia adelante, se dio cuenta de que aquella niña que le señaló el porche en el patio, estaba ahí, delante suya, mirándole de reojo. Israel se paralizó y empezó a temblar. Esa niña le recordaba mucho a las historias de terror del libro de miedo que le había prestado Ana. La niña dio media vuelta hacia él, mirándolo nuevamente. Esta vez mirándole de frente. Ella le sonrió y cerró los ojos. De repente, todo se empezó a ver de color negro. Israel se encontraba en una sala totalmente oscura y vacía. Ponía sus manos delante de su cuerpo, esperando encontrar en ellas una pared en la que apoyarse. Parecía un zombie, caminando lentamente con sus brazos abiertos delante suya.
Después de un largo rato caminando, sus palmas chocaron con lo que sería una pared. Inmediatamente, apenas haber pasado unas centésimas de segundo, toda esa oscuridad cesó y ahora Israel se encontraba en la azotea de su instituto, con un cuchillo en una mano y el libro en la otra.
El libro había cambiado el título, de nuevo. Ya no decía ''El libro de la muerte.'' Ahora, su nuevo título, que más que un título era una orden, decía: ''Hazlo.''
Israel comprendió lo que debía hacer. Tan sólo se acercó al borde del muro, dejó caer el libro sobre el suelo, y puso el cuchillo de manera que su hoja mirase hacia el pecho.
Él tan sólo dio un paso hacia adelante y cayó al suelo bocabajo, haciendo así, que el cuchillo atravesara su pecho y muriese.
Suicidio.
Al otro lado de la azotea se encontraba aquella niña extraña, esbozando una gran sonrisa mientras escribía en el libro de Ana.
Escribía una nueva historia. Añadía un nuevo capítulo.
En el que un estudiante de instituto se suicidaba en la azotea de su centro.
Y, al igual que en los anteriores capítulos, aquel estudiante vio a una niña desconocida que la miraba de reojo.
Attenya Kerstin
miércoles, 26 de septiembre de 2012
Goodbye.
La dulce brisa del rocío abrigaba el ambiente de una manera fría y serena.
Me encontraba frente a una libreta, sin realmente saber qué escribir. Al lado mío, un móvil que parecía que era el único que podía ayudarme en momentos como este. De él salía la música, mi querida acompañante.
Para relajar un poco, sonaba una canción de Los Beatles. Hey Jude. Había pasado una noche entera desde lo ocurrido, y extrañamente sobreviví. Estuve toda una noche sin pensamientos negativos, excepto el de ''Nada volverá a ser lo mismo'', decorado por esas lágrimas y esas punzadas en el pecho. Aunque, realmente, ese ''No volverá a ser lo mismo'' es suficiente para poder hundirme. Se me inundaban los ojos de lágrimas y la mente de recuerdos. Todas esas bromas, carcajadas, estupideces, y los famosos momentos románticos.. todo eso se había desvanecido. Ya nada iba a volver a ser lo mismo. Ni siquiera un simple ''Hola'' volvería a aparecer entre nosotros. Y ojalá no fuese así, ojalá pudiese volver al pasado y que esto no hubiese sucedido.
Porque salí perdiendo. Y es algo que no me gusta, y menos aún si se trata de haber perdido a un ser querido, tan tan querido que en vez de querido se diría amado.
Y todo esto es por culpa mía, culpa de mi ingenuidad, mis tonterías, mis bromas desagradables, mis carcajadas cansinas y desesperadas... Todo eso que me hace odiosa e insoportable.
Y de todas formas ya nos habíamos distanciado un poco, creo que cada día más, pero aún así yo lo seguía amando como el primer día, hace casi un año.
Y prometí quererle siempre. Es mi excepción, porque yo no creo en los ''para siempre''. Y lo cumpliré. No porque se lo haya prometido, sino porque lo sé. Y sé que aunque pasen los años y ambos tengamos distintos caminos, nunca me olvidaré de él, porque ha marcado mi vida, porque es una de las pocas personas por las que le daría todo, porque si le pasase algo, yo...
Yo...
Yo no sabría que hacer sin él.
Y me arrepiento de todo.
Porque no es cualquier persona. No es un amigo. No es un novio. No es un familiar.
Es algo más.
Mi salvación.
Le quiero.
PD: Este relato es totalmente ficticio, no está basada en ningún hecho ni parecido real. Preferiría que no me mandaran mensajes diciéndome ''Ánimo''. Recordad que en este blog, sólo pocas entradas, las mayorías, se basan en algo real o ha sido un pensamiento pasajero en una de mis pequeñas meditaciones cuando estoy sola, pero nada de lo escrito es totalmente real. Gracias.
Es algo más.
Mi salvación.
Le quiero.
PD: Este relato es totalmente ficticio, no está basada en ningún hecho ni parecido real. Preferiría que no me mandaran mensajes diciéndome ''Ánimo''. Recordad que en este blog, sólo pocas entradas, las mayorías, se basan en algo real o ha sido un pensamiento pasajero en una de mis pequeñas meditaciones cuando estoy sola, pero nada de lo escrito es totalmente real. Gracias.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)





.jpg)







